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Trayectoria

Más de medio siglo de investigaciones del pasado Alavés

La andadura del Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua fundamenta sus precedentes en una larga tradición de asociacionismo e interés por todos aquellos aspectos que tienen que ver con la Arqueología de este territorio. En especial, nos referimos a los relacionados con la conservación de nuestro patrimonio, su estudio e investigación y la divulgación y difusión del mismo. Estos precedentes pueden rastrearse sin dificultad -por quedarnos con lo más representativo dentro del siglo pasado-, en las iniciativas de José Miguel de Barandiaran, con la creación del Centro de Investigaciones Prehistóricas en1925, dependiente de la delegación alavesa de Eusko lkaskuntza, aglutinando a diferentes investigadores y personalidades del mundo cultural de la época.

Tras el obligado paréntesis de la guerra civil, hemos de señalar la fecha del 7 de Noviembre de 1941, en la que se crea el Consejo de Cultura de la Diputación Foral de Álava, contando entre sus comisiones de trabajo con la de Museos, Arte y Arqueología. Esta comisión, se pondrá de facto en activo en 1957, con el nombramiento de su primera Junta, no siendo hasta 1968, cuando se redactaron sus primeros reglamentos. En este momento, la Arqueología se consolida en solitario como Sección. En torno a este colectivo se fueron agrupando un amplio elenco de colaboradores, tanto interesados o estudiosos del tema, como profesionales cualificados.

En el año 1978 el Consejo de Cultura de la Diputación Foral de Álava comienza a adaptarse a los nuevos tiempos y su sección de Arqueología pasa a denominarse Instituto Alavés de Arqueología. Se trata de una etapa de “canto del cisne” en cuanto a la vinculación directa y estatutaria de este colectivo con la Diputación Foral de Álava. Así, el 10 de Mayo de 1988, por Decreto Foral n.º 804 del Consejo de Diputados, quedó disuelto el Consejo de Cultura. Igualmente, las Ordenes Forales N.º 446 y 599, especifican que las actividades que venían desarrollándose por la Sección de Arqueología del extinto Consejo de Cultura, se canalizarán a través del Servicio de Museos de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Diputación Foral de Álava. En este nuevo marco, los integrantes del Instituto Alavés de Arqueología / Arkeologiarako Arabar Institutua, deciden dotarse de un estatuto propio y, tras un proceso de reflexión, se opta por la fórmula de Asociación cultural. Así, el 6 de Octubre de 1988, por Resolución de la Viceconsejería de Justicia del Gobierno Vasco, queda inscrita la asociación Instituto Alavés de Arqueología / Arkeologiarako Arabar Institutua en el Registro General de Asociaciones, sección Primera, Nº A/1.195/88. Los fines de este colectivo quedan claramente reflejados en los puntos 1 y 2 del artículo 2 de sus estatutos: “Promover, fomentar, asesorar, organizar, dirigir y difundir actividades en Arqueología y en otras Ciencias afines, por medio de Prospecciones, Excavaciones, Reuniones, Cursos, Congresos, Publicaciones, y por cuantos medios se consideren oportunos y estén a su alcance, respetadas naturalmente, la Legislación y Reglamentación general vigentes. Colaborar con las Instituciones competentes en esta materia, ofreciendo las oportunas orientaciones en todo aquello que se relacione con el Patrimonio Arqueológico, en sus más variados aspectos”. De este modo, se ha alcanzado un notable nivel en la consecución de estos fines, cuyos resultados analizaremos, con la obligada referencia a los logros y trabajos de las etapas antecedentes, pues es el conjunto de todo ello lo que identifica la historia de este Instituto Alavés de Arqueología / Arkeologiarako Arabar Institutua. Estas fueron las diferentes vicisitudes en cuanto al marco legal, pasando a continuación al campo de las realizaciones.

Característico de los primeros tiempos del Consejo de Cultura, fue recurrir a investigadores foráneos, de reconocido prestigio y vinculados normalmente al mundo universitario, para abordar trabajos de campo o de investigación sobre diferentes yacimientos. En esta línea se inscribirían el estudio de J. Maluquer de Motes sobre materiales de Kutzemendi, el de P. de Palol sobre la Cueva de los Goros, o los objetivamente más transcendentales de Nieto en Iruña, quien llevó a cabo trabajos de excavación en este yacimiento entre 1949 y 1954, siendo publicados en la conocida monografía “El oppidum de Iruña”. El denominador común, con la perspectiva del tiempo transcurrido, es su provisionalidad. Aún el más prolongado de los trabajos -el de Nieto-, quedó finalmente como una experiencia aislada, importante pero sin continuidad temporal. Ello pudo ser debido en gran parte a la inexistencia de equipos de investigación directamente ligados al estudio de este territorio. Así mismo las personalidades culturales de origen local, por determinados avatares personales y por la mayor movilidad geográfica de la época (derivada a su vez de la escasez de expectativas científico-laborales en su lugar de nacimiento), acabaron desempeñando importantes cargos en otros lugares peninsulares. Así, tenemos en la década de los 50 a R. Apraiz que llegaría a ser director del Museo Numantino de Soria, a B. Osaba como director del Museo Arqueológico de Burgos, o a J. Á. Sáez de Buruaga como director del Museo Arqueológico de Mérida. Todos ellos desarrollaron en su momento trabajos de campo en yacimientos alaveses, o colaboraron de forma destacada en los mismos. Así, por ejemplo, Osaba realizó sondeos estratigráficos en San Román de San Millán en 1949 o en el castro de Kutzemendi en 1950, colaborando todos con G. Nieto en Iruña.

Sin duda, el hilo conductor de esta primera etapa fue D. Fernández Medrano, un investigador no universitario, propio de su época, proveniente del campo del Magisterio y promovido al cargo de Comisario local de Arqueología de Laguardia. Hay que reconocerle su capacidad de trabajador incansable; así organizó las colecciones de arqueología procedentes del Centro de Investigaciones Prehistóricas de Eusko Ikaskuntza, del Seminario y de particulares, que sería el embrión del actual Museo de Arqueología de Álava, redactando la primera Guía del mismo “Guía sumaria y provisional del Museo arqueológico de Álava” (1945). Realizó igualmente amplios trabajos de prospección y localización de yacimientos y excavaciones en un buen número de ellos, bien en solitario, bien en colaboración con otros investigadores, como J. M. de Barandiaran, quien contactó con D. Fernández Medrano en el lejano 1933, y tras la guerra civil y con su apoyo, reanudaría los trabajos que inició junto con E. Eguren y T. de Aranzadi. Fruto de esta colaboración serían, entre otras, las investigaciones recogidas bajo el título genérico de “Excavaciones en dólmenes alaveses”. J. M. de Baradiaran, desarrolló en esta nueva etapa una fecunda labor, tanto desde el punto de vista de las síntesis y publicaciones, como de los trabajos de campo. Toda ella repercutió en el desarrollo de las investigaciones prehistóricas, tanto para el conjunto de Euskal Herria, como para nuestro territorio en particular, donde llegaría a desempeñar el cargo de Delegado Provincial de la Comisaría del Servicio Nacional de Excavaciones Arqueológicas.

En 1955, bajo el mecenazgo de la Caja Municipal de Ahorros de la Ciudad de Vitoria, por iniciativa de su director V. Botella, se creó la Institución Sancho el Sabio. Esta entidad, a través de su Obra Social, apoyó, entre otras variadas actividades, gran parte del quehacer arqueológico de esa época. Mediante su correspondiente Boletín, dirigido por D. Fernández Medrano, se recogió, así mismo, casi la totalidad de los resultados de los trabajos de campo e investigación, desarrollados en el campo arqueológico alavés entre 1957 y 1968. Finalmente, D. Fernández Medrano, presidió la Sección de Arqueología del Consejo de Cultura de la Diputación Foral de Álava, bajo cuya organización se investigaba, excavaba y publicaba, prácticamente todo cuanto sobre arqueología se realizaba en Álava. En esta primera generación de discípulos de J. M. de Barandiaran, en el campo de la arqueología alavesa, no podemos dejar de citar los trabajos de otros investigadores, como D. Estavillo y sus prospecciones treviñesas o J. Elósegui, con su “Catálogo dolménico del País Vasco”.

Se ha mencionado la colaboración afortunada de Fernández Medrano con Barandiaran -o a la inversa- en torno a los cuales se fue formando un núcleo de aventajados discípulos que aún siguen en activo. Nos referimos a investigadores como A. Llanos o J. M. Apellániz. Ambos colaboraron en diversas experiencias, fruto de las cuales fueron por ejemplo los trabajos -dirigidos por Apellániz- en yacimientos alaveses tan señeros como la Cueva de Los Husos excavada entre 1965 y 1969 o el Dolmen de la Chabola de la Hechicera en 1974, ambos en la Rioja Alavesa. También desarrolló este investigador numerosos trabajos en otros dólmenes, túmulos y cavidades de la prehistoria reciente alavesa. Gran parte de ello quedaría reflejado en su obra de síntesis “Corpus de materiales de las culturas prehistóricas con cerámica de la población de cavernas del País Vasco Meridional”. Por su parte, A. Llanos, además de una etapa de trabajos sobre el medievo de nuestro Territorio (Necrópolis de la Rioja Alavesa, Casco medieval de Vitoria-Gasteiz, etc.), encontrará finalmente su ámbito preferencial de investigación, y así, en colaboración con J. M. Ugartechea, darán lugar a un importante salto cualitativo en cuanto al estudio de las últimas fases de nuestra prehistoria reciente. Nos referimos al planteamiento, en torno a principios de los años 60, del proyecto para el estudio de la Edad del Hierro en Baskonia. El hecho de articularse una programación con etapas a corto, medio y largo plazo, ha reportado amplios y trascendentales resultados científicos, posibilitando, además, la paulatina incorporación de nuevos investigadores, en una línea ininterrumpida hasta la actualidad, con la garantía del correspondiente relevo generacional.

Así, en los primeros momentos de ejecución del programa se fueron alternando los trabajos de prospección -con la localización e identificación de gran número de yacimientos de esta etapa cronológico/cultural- y con la elección de aquellos lugares óptimos para la obtención de seriaciones estratigráficas. Así se realizaron excavaciones en el Castro de las Peñas de Oro (Valle de Zuia) entre 1964 y 1966, en el Castro del Castillo de Henaio (Alegría/Dulantzi) entre 1969 y 1970, o en el Castro de Berbeia (Barrio) en 1972, en otros.

En todos estos trabajos participó un grupo de investigadores liderado por A. Llanos, con la colaboración de J. A. Agorreta, J. Fariña y J. M. Apellániz. Otra línea colateral del estudio global del final de nuestra prehistoria, será la también dirigida por A. Llanos, en colaboración con el veterano Fernández Medrano y con J. A. Agorreta, ocupándose del fenómeno de los denominados “depósitos en hoyos”. Así se estudiaron y excavaron los hallazgos de Salbatierrabide, Batán, Mendizorroza o Arriaga (Vitoria-Gasteiz); Landatxo (Aretxabaleta); La Teja (Subijana de Álava); El Fuerte (Nanclares de La Oca); Vetrusa (Berantevilla); o Bizkar (Maestu).

Otro paso fundamental de estos momentos es la creación de un vehículo para la difusión de los resultados de las investigaciones arqueológicas desarrolladas en nuestro Álava. Se trata de la revista “Estudios de Arqueología Alavesa”, dirigida por A. Llanos que, auspiciada por el Consejo de Cultura de la Diputación Foral de Álava, vio la luz en octubre de 1966. Fue, de hecho, la primera revista científica alavesa dedicada al tema arqueológico. A partir de 2002, la publicación se edita en formato electrónico, siendo una de las primeras publicaciones en decidirse por este formato. En la actualidad se continúa su publicación, con 27 volúmenes aparecidos. Esta revista sirve, además, para mantener el necesario nivel de intercambio de ideas entre los investigadores de este Instituto y el resto de la comunidad científica. Así se contabiliza un intercambio consolidado con más de 280 centros de investigaciones tanto peninsulares como internacionales.

De vuelta a los trabajos de campo, sin duda la estrella del programa para el estudio de la Edad del Hierro, fue la puesta en marcha de las investigaciones en el Poblado de La Hoya (Laguardia). Tras algunos trabajos aislados e inéditos (Fernández Medrano, Ruiz de Gaona, Osaba y Nieto, en torno a los años 50) será en 1973 y hasta 1989, bajo la dirección de A. Llanos, cuando se lleven a cabo las excavaciones sistemáticas en extensión de este notable yacimiento, clave para el estudio de las sociedades del Bronce Final-Edad del Hierro en el norte peninsular. Estos trabajos, pioneros en su día de la metodología arqueológica de campo, tuvieron la potencialidad de servir de escuela de arqueología práctica a centenares de personas, muchas de las cuales han llegado a ejercer profesionalmente la Arqueología, bien desde la docencia, o desde la empresa privada, o la investigación.

Así, una primera generación de discípulos de A. Llanos fue decantándose hacia diferentes orientaciones dentro del campo arqueológico. El estudio de las culturas de la Edad del Hierro tiene su primera continuadora en F. Sáenz de Urturi. Esta investigadora centrará sus trabajos de campo en el estudio del yacimiento de Los Castros de Lastra (Caranca) y otros de la zona de Valdegovía. En áreas cronológico-culturales diferentes se especializarán otros investigadores, como A. Baldeón, que se ocupará de las etapas tempranas de la prehistoria alavesa o bien como J. I. Vegas, quien realizará numerosos trabajos en torno al mundo megalítico-pastoril de la prehistoria alavesa.

Con posterioridad, diferentes promociones de universitarios, tras participar igualmente en los trabajos de La Hoya y otras actividades del Instituto, se irán especializando en campos como la prehistoria reciente, como el equipo dirigido por L. Ortiz y P. Lobo, con sus trabajos en el Valle del Río Rojo. En momentos prehistóricos, A. Sáez de Buruaga investigó en asentamientos al aire libre y en cuevas; así como los de A. Alday en abrigos de la zona media alavesa. En el programa de investigaciones sobre la Edad del Hierro se incorporarán E. Gil e I. Filloy, con sus trabajos en los poblados de Atxa (Vitoria-Gasteiz) y Carasta (Caicedo Sopeña). Por otra parte, en cuanto a la etapa medieval, investigarán en ella, además de la veterana Sáenz de Urturi (Hábitat y necrópolis de Los Castros de Lastra, Sta. Eufemia-Virgen del Campo, Cueva de los Moros, etc.) otros como E. García Retes, con sus trabajos en la Manzana de los Anda (Vitoria-Gasteiz), Otaza, Túnel de San Adrián, Despoblados de Aistra y Amamio, etc). Aún más recientemente, diferentes profesores de la EHU/UPV, se añadirán a la nómina de investigadores a través del Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua, como J. Fernández Eraso, con sus estudios sobre el hábitat prehistórico en cuevas y monumentos megalíticos al pie de la Sierra de Cantabria en la Rioja Alavesa. Otros trabajos importantes son los realizados por F. Galilea sobre el estudio global del megalitismo alavés, fruto del cual es la ampliación de la nómina de monumentos conocidos, y los recientes sondeos estratigráficos por parte de R. Varón en el Castro de Aldaia (Arroyabe), F. Saénz de Urturi en el poblado de santa Coloma y en el castro del Castillo de Astulez (Astulez), J. Ajamil en el poblado de Urizarra (Peñacerrada), R. Sánchez en el poblado de San Andrés (Salinas de Añana), P. Lobo en la minería del sílex de Araico, E. Telleria en el poblado de Murugain (Aramaio), A. Llanos en el Castro de Urisolo (Letona), y J. A. Fernández sobre el poblamiento altomedieval del Valle de Aiala.

Otra de las líneas de investigación en el entorno del Instituto Alavés de Arqueología / Arkeologiarako Arabar Institutua ha sido la del estudio de la etapa romana en el territorio alavés. Sus precedentes están en los mencionados trabajos de G. Nieto en Iruña (1949-1954), que son continuados con las labores de J. C. Elorza. Éste desarrolló una fecunda labor entre mediados de los 60 y mediados de los 70. Su mérito fue, sobre todo, la puesta al día de la epigrafía, campo en el que destaca su ya clásica síntesis “Ensayo topográfico de epigrafía romana alavesa”. Trabajó igualmente en numismática y, en cuanto a la arqueología de campo, excavó en la Villa de Cabriana (Comunión) entre 1970 y 1972 y en Iruña (Iruña de Oca) en 1975. Le sigue L. R. Loza, quien excavó en el conjunto termal de Otazibarra (Arcaya) entre 1976 y 1981.

Una de las carencias principales en la investigación de la etapa romana en Álava ha sido, precisamente, la falta de una programación seria y global, a corto, medio y largo plazo. Ello ha dado lugar, como hemos visto, a experiencias aisladas, sin continuidad y con escaso rendimiento científico -recordemos la nómina de trabajos no publicados-. Así pues, a principios de los 80, un grupo de investigadores (I. Filloy, A. Iriarte, A. Sáenz de Buruaga y E. Gil), en el marco del Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua, se propuso abordar sistemáticamente el estudio científico de esta etapa, con el objetivo fundamental de conocer la historia de nuestro pueblo en este período tan crucial de nuestro pasado como es la época romana. Como fruto de este programa se obtuvo un notable avance en el conocimiento de los procesos culturales de esta etapa. Se revisaron la totalidad de las localizaciones alavesas con material arqueológico de estos momentos, contando con una nómina de más de 140 yacimientos. De ellos, se han realizado excavaciones en extensión o bien sondeos estratigráficos, en una decena de lugares, buscando cubrir diferentes tipologías de emplazamientos y localizaciones geográficas por todo nuestro territorio.

En cuanto a la identificación y catalogación de yacimientos arqueológicos de esta etapa, se incorporaron los datos de programas de prospección o de seguimientos de obras púbicas o privadas por parte de E. Gil, I. Filloy, A. Iriarte. Otro aspecto fue el del estudio de materiales arqueológicos, bien de los programas iniciados por este equipo, o de antiguas excavaciones. Sin duda, la pieza última en este proceso fue el abordar el estudio sistemático de Iruña/Veleia por parte de algunos miembros de este Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua. También se abordaron trabajos e investigaciones en la Llanada Alavesa en su parte oriental, durante la prehistoria, como los dirigidos por M. Beorlegi, con sus intervenciones en el yacimiento de Ameztutxo, en Araia.

En 2011, mediante una subvención del Ministerio de Cultura, fue posible recuperar los últimos proyectos no realizados por falta de apoyo económico. Con ello se dio un importante impulso a las investigaciones, con intervenciones arqueológicas de campo, mediante sondeos estratigráficos en poblados de la Edad del Hierro y en otros de carácter Alto Medieval, además de otros sobre los inicios de la minería del sílex. O bien con trabajos sobre las orientaciones de los dólmenes. Se multiplicaron las prospecciones, tanto aéreas como con métodos geofísicos. Se proyectaron numerosas analíticas de ADN o de dataciones mediante C14, así como de residuos orgánicos en recipientes, análisis FRX de cerámicas o estudios estadísticos aplicados a la arqueología. Todos los resultados de estas investigaciones verán la luz en la publicación de “Estudios de Arqueología Alavesa”.

Entre todas estas iniciativas, junto con los correspondientes programas de prospección, varios centenares de colaboradores -tanto de extracción universitaria, bien de las universidades de Euskal Herria como de otras del resto de la Península, junto a otras personas del campo amateur- han ido trabajando a lo largo de los años en los diferentes proyectos, tanto en las tareas de campo como en los posteriores trabajos de gabinete. De este modo fueron obteniendo unas experiencias fundamentales, sobre todo para su futura dedicación profesional en el terreno de la Arqueología. Ésta ha sido precisamente una de las constantes en la historia del Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua; su capacidad de servir de escuela de arqueología práctica.

Una de las actuaciones afortunadas de este Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua, fue la puesta en marcha de la denominada Carta Arqueológica de Álava I. (CAA). Con algunos tempranos precedentes a fines de los 60, será sobre todo a fines de los 70 y primeros 80 del pasado siglo, cuando se desarrolle un esfuerzo colectivo para la puesta al día de la información recopilada sobre los diferentes yacimientos y localizaciones arqueológicas de este Territorio. Así, un amplio equipo de colaboradores del Instituto Alavés de Arqueología / Arkeologiarako Arabar Institutua, bajo la dirección de Armando Llanos, fueron compilando los diferentes datos, a través de una base de datos informatizada creada al efecto. Hay que destacar su carácter pionero -habida cuenta de la época de su realización- y su filosofía como elemento base de posteriores investigaciones y gestión en la conservación del Patrimonio. La Carta tenía como ámbito cronológico desde la prehistoria a la época medieval, recopilando un total de 1600 “documentos” o localizaciones arqueológicas. Fue publicada en 1987, recogiendo los datos conocidos hasta finales de 1983.

Otra de las señas de identidad de este Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua ha sido, a lo largo de su acontecer, la preocupación por los temas de divulgación y difusión. Ya se ha indicado la principal línea de difusión, en este caso de carácter científico, cual es la publicación de la serie Estudios de Arqueología Alavesa, o la de la Carta Arqueológica de Álava. A ello se han añadido diferentes experiencias de carácter divulgativo, como los trabajos sobre el propio colectivo: “Diez años de labor 1966-76” o “Urteak 30 Años 1957-1987”; así como las colaboraciones de miembros de este Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua en obras de tipo general como “Museo de Arqueología de Álava” o en “150.000 años de Prehistoria Vasca. Gure Lehen Urratsak”. También, a lo largo de este proceso, se han ensayado otras fórmulas, como el “Boletín informativo del Instituto Alavés de Arqueología”. Ni qué decir tiene de la amplia y variada participación de los integrantes de este Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua con artículos y trabajos en revistas y publicaciones de su especialidad. Indisolublemente unido a esta actividad se encuentra el tema de los Congresos y reuniones científicas, tanto desde la organización directa o compartida, como en el de la participación, con ponencias y comunicaciones, Entre los primeros destacaríamos por ejemplo el “XIV Congreso Nacional de Arqueología”, celebrado en Vitoria-Gasteiz en 1975 o las “Jornadas Internacionales sobre el Arte Rupestre Esquemático”, organizadas en colaboración con Eusko Ikaskuntza. Coincidiendo con los 50 años de existencia de este Instituto Alavés de Arqueología / Arkeologiarako Arabar Institutua, en 2007 se organizó el Congreso Internacional “Medio Siglo de Arqueología en el Cantábrico Oriental y su Entorno”, en cuyas actas se refleja el estado de las investigaciones hasta ese año. Finalmente, el último escalón de la labor divulgativa y de formación, la representarían la organización de cursos y seminarios, particularmente en la primera etapa de este Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua, como reflejo de su época, así como el ingente número de charlas y conferencias impartidas, bien en solitario, o en ciclos, en los principales foros culturales y científicos.

No se puede olvidar la participación activa de este Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua en la creación y organización del Museo de Arqueología de Álava, en su etapa inicial de 1966 y en la posterior ampliación de 1975, donde el esquema y montaje fue realizado por miembros del Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua, de forma totalmente desinteresada.

Finalmente, reseñaremos la vertiente del Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua en lo referente a la salvaguarda y conservación de nuestro Patrimonio. Ésta ha sido una de las más tempranas preocupaciones de este colectivo. Así, desde sus orígenes se ha colaborado con las sucesivas administraciones competentes, sobre toda desde el terreno de la localización e identificación de yacimientos mediante los programas de prospección y Carta Arqueológica; así mismo, mediante la revisión de cuantas obras públicas y privadas, cambios de cultivo, y cuantas actividades pudieran afectar al patrimonio arqueológico subyacente o emergente. Estas iniciativas -y cuantas se han llevado a cabo desde otros foros- han recibido el espaldarazo de la promulgación de la Ley de Patrimonio Cultural Vasco de 1990, emanada del Parlamento Vasco, y que recoge en gran medida el sentir de los profesionales de la Arqueología y del patrimonio en general. A través de este marco legal se reglamenta -entre otras cuestiones- la conservación y gestión del Patrimonio arqueológico, afectado en una progresión geométrica por las cada vez más numerosas obras de infraestructura, de construcción o agrícolas. En todos estos aspectos el Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua sigue proporcionando informes, sugerencias, denuncias y ejecuta, en su caso, aquellas intervenciones que le son encomendadas por la Administración.

Se trata, en definitiva, de unas breves pinceladas sobre un colectivo con una larga trayectoria y sólidos precedentes a lo largo de su acontecer histórico, pero, sin duda, con una indiscutible proyección de futuro, buscando cubrir un hueco diferencial en el campo de la arqueología alavesa, en un panorama con un equilibrio de fuerzas bien diferente al de sus orígenes (Administraciones competentes, Universidades, etc.). Parece evidente que la orientación debe de ser la apuesta por la especialización, particularmente hacia las áreas y actividades no cubiertas por el resto de los citados colectivos. En cualquier caso, y a modo de colofón y balance, podemos hablar -en justicia- de una notable aportación hacia la reconstrucción de nuestro pasado mediante el ejercicio de la arqueología, tanto en su vertiente de gestión como de investigación, utilizando la terminología ya consolidada por el uso. En este sentido consideramos oportuno traer a colación los reconocimientos externos a este Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua, como la obtención de los Galardones “Premio especial Kultura” otorgado por el Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Álava, en su convocatoria de 1994 o la “Distinción Landázuri”, a título colectivo, otorgada por dicha Asociación, igualmente en 1994, así como el especial reconocimiento, por el Gobierno Vasco, declarando a este Instituto Alavés de Arqueología/Arkeologiarako Arabar Institutua, de Utilidad Pública.



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